PBRO. LAURO LÓPEZ BELTRÁN
La Efigie Guadalupana, obra del arquitecto y del escultor ya mencionados es enteramente singular. En verdad que no se parece a ninguna otra. Su estilización precisa explicaciones y las obtuve de sus propios autores. Al entrar en pormenores acerca del porqué de tal estilización, me formularon los siguientes razonamientos.
Primero -manifestaron sonrientes-, que no tiene la configuración del Sagrado Original, por ser del todo necesario que su volumen presente la menor resistencia a la fuerza tremenda de las corrientes marinas.
Segundo -prosiguieron amablemente-, porque convenía que la simplificación y factura de acabado tuviera la menor posibilidad de llenarse de toda clases de adherencias de la fauna y flora submarinas, Aún así -añadieron- se requiere una limpieza periódica de los erizos, las ostras y las algas marinas, que harán los "Hombres Ranas".
Tercero -continuaron exponiendo-, por la inquietud artística de buscar nuevas formas en la misma estilización, para no copiar o repetir las ya demasiado vulgares.
Cuarto -terminaron diciendo-, porque se buscó un simbolismo apropiado al sitio en que fue colocada la escultura y a los hombres que la proclamaron como su Reina.
El escultor Armando Quezada y el arquitecto Héctor Mestre, en una palabra, quisieron representar en esta imagen a la celestial protectora de los hombres que viven en las inagotables riquezas del mar o que navegan y pasan gran parte de su vida encima o debajo de las aguas marinas por necesidad o por deporte. El último análisis la estilización de la Guadalupana en la forma descrita ha tenido por objeto combatir la distorsión que sufren los objetos metidos en el agua. Total: que la escultura , pudiéramos decir, está hecha no para verse fuera, sino dentro del agua.
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