PBRO. LAURO LÓPEZ DE BELTRÁN
A las trece horas se puso en marcha el cortejo acompañante de la escultura, partiendo del monumento de Alvaro Obregón a la Basílica del Tepeyac. La imagen estaba colocada sobre un camión de plataforma esplendorosamente adornado. La circuía un arco de flores en el que se destacaba esta leyenda: "Santa María de Guadalupe, Emperatriz de los Mares". Sobre los rayos flotaba un velo de color azul tenue y a sus plantas se admiraban lienzos de tul en color añil y rosa, sutiles como una ilusión; y en la base iba la Bandera Nacional. Dos motociclistas del departamento de Tránsito iniciaban la marcha. Seguía el camión de plataforma como carro alegórico con la preciosa Imagen.
En su pos desfilaban más de cincuenta automóviles y autobuses que transportaban los "Hombres y las Mujeres Ranas", miembros de la Cruz Roja y nutridas representaciones de varios clubes deportivos. Miles y miles de personas se deleitaron a todo lo largo del trayecto mirando la metálica efigie y en algunos lugares en que por razones de tránsito se hizo un alto, se acercaron y se arrodillaron ante ella. El recorrido fue largo y lento. Duró cerca de dos horas, resultando solemne, emotivo y espectacular. Pasó por la Avenida Insurgentes y luego entró por la Calzada de la Ronda, hasta la Glorieta de Peralvillo. De allí marchó por la Calzada de Guadalupe, hasta llegar a la Plaza Monumental de la Basílica.
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miércoles, 2 de julio de 2008
martes, 1 de julio de 2008
En el Santuario Guadalupano
PBRO. LAURO LÓPEZ BELTRÁN
Se bajó la pesada imagen y fue llevada en hombros por 24 caballeros, a paso majestuoso y rítmico, hasta las puertas de bronce de nuestro templo máximo mariano. Le formaron lucida valla elementos de la Cruz Roja y del club deportivo Femenino, cuyas damas portaban el pabellón nacional y las banderas de los países americanos. Marchaba el séquito a los sones marciales de una banda de guerra.
En el umbral de la Basílica esperaban vestidos con áureos ornamentos, el Excelentísimo Señor Doctor Don Luigi Raimondi, representante de Su Santidad el Papa Juan XXIII, en México; el ilustrísimo Monseñor Doctor Don Gregorio Aguilar y Gómez, en funciones de Abad de Guadalupe, el Muy Ilustre Señor Canónigo Don Francisco Alvarez y un grupo de sacerdotes de la misma Basílica. La escultural imagen se introdujo entre cantos y plegarias y a los sonoros acordes del órgano monumental y se colocó en el Presbiterio y por el lado del Evangelio.
Hacia las 15:15 horas, en imponente ceremonia el Excelentísimo Señor Delegado Apostólico impartió la solemne bendición a la nueva imagen y en breve alocución felicitó calurosamente a los iniciadores y realizadores del proyecto de que nuestra Guadalupana Reina tuviera un trono bajo las aguas del Océano Pacífico. Y hablando de la estilización de la escultura dijo que su autor, Armando Quezada, había logrado deshumanizar la imagen hasta el extremo de convertirla en espíritu puro; más aún, de divinizarla y de darle esa maternal expresión conceptible tan sólo en la Virgen María. En el Santuario del Tepeyac se quedó expuesta a la veneración de los fieles esa tarde del viernes 5 de diciembre de 1958 y los siguientes días, sábado 6, domingo 7 y lunes 8, fiesta de la Inmaculada Concepción, para ser trasladada triunfante a Cuernavaca el martes 9.
Se bajó la pesada imagen y fue llevada en hombros por 24 caballeros, a paso majestuoso y rítmico, hasta las puertas de bronce de nuestro templo máximo mariano. Le formaron lucida valla elementos de la Cruz Roja y del club deportivo Femenino, cuyas damas portaban el pabellón nacional y las banderas de los países americanos. Marchaba el séquito a los sones marciales de una banda de guerra.
En el umbral de la Basílica esperaban vestidos con áureos ornamentos, el Excelentísimo Señor Doctor Don Luigi Raimondi, representante de Su Santidad el Papa Juan XXIII, en México; el ilustrísimo Monseñor Doctor Don Gregorio Aguilar y Gómez, en funciones de Abad de Guadalupe, el Muy Ilustre Señor Canónigo Don Francisco Alvarez y un grupo de sacerdotes de la misma Basílica. La escultural imagen se introdujo entre cantos y plegarias y a los sonoros acordes del órgano monumental y se colocó en el Presbiterio y por el lado del Evangelio.
Hacia las 15:15 horas, en imponente ceremonia el Excelentísimo Señor Delegado Apostólico impartió la solemne bendición a la nueva imagen y en breve alocución felicitó calurosamente a los iniciadores y realizadores del proyecto de que nuestra Guadalupana Reina tuviera un trono bajo las aguas del Océano Pacífico. Y hablando de la estilización de la escultura dijo que su autor, Armando Quezada, había logrado deshumanizar la imagen hasta el extremo de convertirla en espíritu puro; más aún, de divinizarla y de darle esa maternal expresión conceptible tan sólo en la Virgen María. En el Santuario del Tepeyac se quedó expuesta a la veneración de los fieles esa tarde del viernes 5 de diciembre de 1958 y los siguientes días, sábado 6, domingo 7 y lunes 8, fiesta de la Inmaculada Concepción, para ser trasladada triunfante a Cuernavaca el martes 9.
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