PBRO. LAURO LÓPEZ BELTRÁN
Fueron el ingeniero Enrique Conti, célebre "Hombre Rana", y los famosos buzos acapulqueños, hermanos Alfonso y Reginaldo Arnold, quienes seleccionaron el lugar que les pareció más a propósito para la erección del primer altar submarino de América, consagrado a la siempre virgen Santa María de Guadalupe. El sitio elegido fue una orilla de la isleta rocosa denominada "La Hierba Buena", que se mira como a un kilómetro aproximadamente de las playas de Caleta y Caletilla. Tiene al frente la isla de La Roqueta, donde se levanta el faro, y por lo mismo, caracteriza y ostenta un paisaje pintoresco, lleno de luz y colorido, que realza la poética belleza de la Bahía de Acapulco, uno de los puertos más visitados del Océano Pacifíco.
Los motivos que adujeron al escoger tal paraje, fueron primero, la extraordinaria transparencia que allí tienen las aguas; segundo, porque en dicho sitio hay menor variabilidad del mar, y, tercero, porque La Roqueta le defiende un poco de los vientos. El altar consiste en una case rectangular de roca viva, sobre la que se formó una plataforma de hormigón o concreto en la que se necesitaron seis toneladas de material de construcción. Esta plataforma empareja y refuerza la base de roca y quedó a un nivel de diez metros de profundidad. Como la escultura mide dos metros y medio, puede verse perfectamente -desde una lancha con fondo de cristal- a unso 5, 6 ó 7 metros de la superficie, de acuerdo con lo alto y bajo de la marea.
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