PBRO. LAURO LÓPEZ BELTRÁN
Los padres y madres de familia, viendo que no podían ellos subir hasta el pedestal donde se hallaba la Escultura Guadalupana, inventaron una nueva ceremonia: que los acólitos subieran a sus pequeñuelos para tocarlos a la Santa Efigie. Daba impaciencia ver que acólitos de 7 a 9 años cargaban y pegaban a los niños, unos por el frente, otros por un lado, por el otro, para mayor rapidez.
Y los niños no lloraban al verse en manos extrañas, y cariñosos besaban la Imagen y hasta se abrazaban a ella.
Y mientras tanto, los papás y mamás desde abajo los consagraban a la Virgen pidiéndole que los hiciera buenos y virtuosos como Juan Diego. No menos de unos 100 niños por hora tocaban a la Virgen, pues no era uno, sino un grupo de acólitos entregados a este piadoso ceremonial. ¡Qué bello ejemplo de fe ingenua, de confianza ilimitada y de afecto filial a la Santísima Señora que desde su trono en el Cielo les bendeciría.
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